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Se presentó «Días distintos. La fabulosa trilogía de fin de siglo de Andrés Calamaro»

Walter Lezcano, escritor y poeta, conversó sobre la vida y la obra discográfica de uno de los mayores referentes del rock nacional y latinoamericano, en el marco del ciclo «Corcheas en su tinta», un ciclo que presenta trabajos biográficos y literarios vinculados a la música.

Mariana Alcobre, directora a cargo de la BNM, inició la charla presentando a Lezcano y a Lisandro Garnero, docente del Instituto Santa Ana, quien interpretó temas de Calamaro con su guitarra.

Días distintos afirma que los álbumes Alta Suciedad, Honestidad Brutal y El Salmón -producidos entre 1997 y 2000- funcionan como una trilogía involuntaria. Hay una continuidad, un lazo entre estos 3 discos inspirados y complejos: uno no puede existir sin el otro.

Alta Suciedad es un disco de 12 canciones mesuradas, con un sonido depurado y estribillos goleadores que le abre un camino de reconocimiento. Esta fama, asociada al éxito comercial, le da el impulso para sacar Honestidad Brutal, un disco doble con 37 canciones, en un momento de la industria discográfica complejo. Posteriormente, se atreve a componer 103 canciones y sacar un disco quíntuple: El Salmón.

«En el momento histórico de más precariedad, desolación y desesperanza vino alguien a decir esto es lo que tengo para ofrecer con una generosidad absoluta», afirmó Lezcano.

A fines del siglo XX, Andrés Calamaro lograba conectarse con la sensibilidad de su pueblo y con la masividad en ambos lados del Atlántico. Mientras tanto, Argentina se preparaba para enfrentar su peor crisis social, económica e institucional desde la vuelta a la democracia. Es así como Andrés Calamaro puso sus canciones en función de las necesidades del momento, forzó sus límites corporales en busca de inspiración, dejó una huella en la historia cultural de Argentina y, de paso, se convirtió en el rockero más arriesgado de esos años.

Finalmente, Lezcano concluyó: «Me parece inspirador que alguien insista con el rock. En ningún momento bajó la guardia. Tomó la decisión con la constancia, la valentía o, si querés, con la estupidez y necedad de seguir adelante con aquello que le interesaba de este mundo. Eso, para alguien que quiere vivir de la escritura, me parece inspirador, que alguien elija una vocación sin importar la vida real, me parece terriblemente hermoso, incluso poético».

Garnero acompañó, en guitarra y voz, interpretando «Costumbres argentinas», «Cartas sin marcar», «Mi enfermedad» y «Flaca».