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  Educación primaria básica (5º a 7º grado) - Juegos, bailes, entretenimientos y espacios de reunión
 
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Actividad: Bailes

Trabajo con las imágenes

  • Observen las reproducciones de las acuarelas de Pellegrini “El minuet”, “Cielito” y “Mediacaña” (Aprox. 1832) y “Mediacaña” de Daufresne (1841)
  • Comparen “El minuet” con el resto de las pinturas. ¿Qué diferencias encuentran entre los ambientes, las personas, las acciones que realizan?
  • Busquen información sobre estos tres bailes.
  • El Minuet o minueto tuvo su versión criolla: El Minué Montonero, El Montonero o El Nacional y, más tarde, Minué Federal. Busquen información al respecto.
  • ¿Se siguen bailando estas danzas en la actualidad? ¿Qué otras danzas nativas conocen?
 

Algunas páginas con información

El minuet como danza aristocrática
Minuet o Minueto en Wikipedia
Minue Montonero o Federal por Carlos Vega
La mediacaña 1
La mediacaña 2
La mediacaña 3
El Cielito 1
El Cielito 2
Más danzas

 
 
Trabajo con los textos
  • Lean los textos de Arsène Isabelle, De Lafuente Machain, Julien Mellet.
  • ¿Qué otros bailes mencionan? Hagan una lista de bailes y busquen información sobre ellos.
  • Vuelvan a leer el texto de De Lafuente Machain sobre uno de los bailes de la población negra.
  • ¿Por qué el autor se referirá a la “relativa libertad” de los negros? Investiguen sobre la población negra en la época de la colonia.

Algunas páginas con información

La población negra en Argentina
La población negra en Argentina y su legado cultural

  • ¿Por qué estaría prohibido el fandango por las autoridades?
  • ¿A qué creen que se debería la diversidad en los orígenes de los bailes sobre los que investigaron anteriormente?
  • ¿Todos los grupos sociales bailaban las mismas danzas? Pueden organizar la información en un cuadro que relacionen Grupos sociales, contextos y danzas. Por ejemplo, los negros con el fandango, las tertulias con el minuet y la ciudad, etc.
 
 
El baile en las tertulias porteñas

Arsène Isabelle (1830)
El minuet sienta muy bien a la nobleza y a la sencilla elegancia de las porteñas. Hombres y mujeres, acostumbrados desde niños a ese paso grave y mesurado, encuentran en el baile la ocasión de desplegar todas sus gracias naturales. Es preciso tener esas formas elegantes, esas bellas proporciones, la soltura y el porte que ellos ostentan, para atreverse a formar parte de un minuet. Y cuántos extranjeros, muy pagados de sí mimos, hasta de su apostura, concurren a una tertulia para dar lugar a que burlen de ellos...
Aparte del minuet, que se baila muy comúnmente, están también de moda la montonera, el cielito, la contradanza española y la contradanza francesa. Esta última se generaliza mucho entre la alta sociedad, pero se prefiere, y con razón, la contradanza española; este baile es un extremo bonito y las porteñas enloquecen por él; yo creo que antes de renunciar a bailarlo se privarían hasta de esos grandes peinetones, audaces conspiradores y a la vez peligrosos. Y es que, en la contradanza española, pueden desplegarse todos los recursos de la coquetería femenina, sin molestias, sin escándalo, sin que nadie lo encuentre4 mal, exceptuados los celosos naturalmente, pero a los celosos no se les da muy buen juego con las porteñas. Para bailar esta contradanza se forman dos filas, de un lado las mujeres, del otros los hombres, hasta llenar el salón. El baile es muy complicado para ser descrito en todos sus detalles, pero baste saber que, colocados los danzantes en esa posición, avanzan unos hacia otros, por parejas; éstas giran tomadas de la mano, dan pasos a izquierda y derecha, valsan y lo que es más interesante, puede uno darse el placer de oprimir en sus brazos, alternativamente, a todas esas bonitas mujeres y hasta hacerles declaraciones sin que se ofendan en lo mínimo: a lo más, dirán ingenuamente: ¡tiene dueño!...”  (Págs. 91-92)

Extraído de: Busaniche, José Luis (1985) Estampas del Pasado II, Buenos Aires, Hyspamérica.

Los bailes de los negros

De Lafuente Machain, R.
“El más pecaminoso de los bailes parece que fue el fandango, que ya diera tema a las autoridades españolas. En su trasplanto se modificó, por influencia del medio y de las danzas africanas.
Por resolución del 30 de julio de 1743, el obispo Peralta prohibió el fandango bajo pena de excomunión. (...)
La relativa libertad de que gozaban los esclavos, les permitió reunirse por <<naciones>> y divertirse a la usanza de sus respectivos países.
Si bien carecemos de detalles referentes a tales diversiones en los primitivos tambos o candombes, consta en cambio, la preocupación que causaban a las autoridades, a juzgar por los repetidos bandos que originaron.
Dichas fiestas tenían lugar en sitios extramuros donde concurrían los negros  en gran número y también muchos curiosos, atraídos por la novedad y el exotismo de los cantos, bailes y contorsiones por demás sugestivos, al son de una música en la cual predominaban los tambores y los parches, cuyos cataplán se oían durante horas, hasta larga distancia (...)”  (Pág. 233-234)

De Lafuente Machain, R. (1946) Buenos Aires en el siglo XVIII. Buenos Aires, Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires.

El baile en Quillota (Chile)

Julien Mellet (Aprox. 1808) “He aquí su manera de bailar: aunque las mujeres son por naturaleza muy vivas, en la mayor parte de sus danzas llevan sus brazos pendientes o plegados bajo el rebozo, que es una especie de manteleta. Al bailar el zapateo, una de las danzas más en uno, tienen los brazos levantados y golpean a menudo las manos como pasa en algunos bailes en Francia. EL zapateo se baila con cambios de sitio, por decirlo así, y se sostienen en la punta de los pies y en los talones; parece que apenas se mueven, más bien se deslizan que tienen cadencia.
Hay, sin embargo, una danza muy animada que se baila mucho y se llama lariate, nombre derivado de los indios de la provincia: ha sido introducido por los negros de la Guinea y los españoles la bailan en casi todos sus establecimientos. El gusto es tan vivo y original, que hasta los mismo niños la bailan apenas se pueden tener en pie.
Este baile tienen lugar al son de la guitarra y del canto.
Los hombres se colocan frente a frente de las mujeres y los espectadores forman un círculo alrededor de los bailadores y de los tocadores: uno de esos espectadores o de los bailadores canta una canción cuyo estribillo es repetido y seguido de palmoteos de manos; los bailarines entonces con los brazos semilevantados, saltan, giran, se mueven para atrás y para adelante, se aproximan a dos pies los unos de los otros y retroceden cadenciosamente hasta que el son del instrumento o el tono de las voces les advierte que deben acercarse; entonces se golpean el vientre los unos a los otros, tres o cuatro veces seguidas, y se alejan saltando, para hacer los mismos movimientos, regulados por el son de los instrumentos: de cuando en cuando entrelazan los brazos, dan varias vueltas, continuando en golpearse en vientre y dándose besos, pero sin peder la cadencia. (Págs. 81-82)

Extraído de: Mellet, Julien (1988) Viajes por el interior de América Meridional. Buenos Aires, Hyspamerica

 
 
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