Rosario Vera Peñaloza
(1872-1950)


«Siempre es lenta la marcha de las ideas nuevas. Hay siempre lucha hasta que el público las acepta y todos los que llegan a ser discípulos de tal innovación tienen que soportar críticas y advertencias injustas»

Rosario Vera Peñaloza nació en La Rioja un 25 de diciembre de 1872 y falleció en su provincia natal, el 28 de mayo de 1950.

De familia tradicional riojana, sus padres fueron Eloy Vera y Mercedes Peñaloza, y con vínculo con el caudillo Chacho Peñaloza, fue la menor de la familia. Quedando huérfana a los 10 años, se hace cargo de ella su tía, Jesús Peñaloza de Ocampo.

Sus primeros años de escolaridad transcurren en la provincia de San Juan, en una escuela de religiosas, pero al volver a La Rioja, comienza sus estudios secundarios en la Escuela Normal de La Rioja, una de las primeras escuelas fundadas bajo el proyecto sarmientino de las escuelas normales, y con la base de las maestras norteamericanas Annette Haven y Bernice Avery. Allí se recibió de maestra normal, y luego continúa sus estudios en Paraná, donde es formada en el profesorado bajo la tutela de Sara Eccleston, otra de las maestras que Sarmiento había traído de Estados Unidos. La cercanía con ella, le proporcionó una sólida formación y fue inspiradora para los primeros proyectos educativos que Rosario pondría en marcha en nuestro país.

Su primer proyecto fue el de fundar un jardín de infantes (1898), en su tierra natal. De ese modo se anexa a la Escuela Normal de La Rioja, un espacio educativo dedicado a la primera infancia. Ese mismo modelo, lo replicaría en Buenos Aires, Córdoba y Paraná. A partir de allí, y por las innovaciones que Rosario hizo en torno a al nivel inicial, se instauró el Día Nacional de los Jardines de Infantes y de los docentes de nivel inicial, el día 28 de mayo, que recuerda la fecha de su fallecimiento, en 1950.

Ya entrado el siglo XX, es designada vicedirectora de la Escuela Normal de La Rioja y al poco tiempo se traslada a Córdoba, para ocupar el mismo cargo, en la Escuela Provincial Juan Bautista Alberdi. En este caminar por el país, llega a establecerse en la ciudad de Buenos Aires, ocupando el cargo de directora de la Escuela Normal Nro. 1 (1912-1917). Durante estos años, realiza una intensa actividad, entre la gestión educativa y la investigación pedagógica. Dictaba cursos y conferencias, no solo en la ciudad de Buenos Aires, sino por todo el país. En esos espacios, criticaba el movimiento de la Escuela Activa y el Enciclopedismo de la escuela tradicional, marcando que ambos modelos educativos, no lograban llegar a la esencia del niño. Rosario era consciente de la necesidad de innovar, pero no creía que el modelo de la Escuela Activa fuera la solución. Durante estos años, continúa con su investigación en torno al Kindergarten, donde se suscitan algunas polémicas, en especial en la presentación de un trabajo donde tomaba como fundamento para su análisis a María Montessori y a Frederic Froebel; señala allí que el método froebeliano, no había podido ser superado por el de Montessori que justamente, estaba siendo aplicado en algunos espacios del Kindergarten de nuestro país. A pesar de ser una innovadora, no le gustaba ser vinculada a las corrientes pedagógicas del momento -en este caso, vincularla con el escolanovismo-, ya que las consideraba combativas y desorientadoras en el mundo de la educación.

Y quizás recordando esos tiempos escribía, en la década del treinta del siglo XX, estas palabras en la publicación oficial del Consejo Nacional de Educación (CNE), El Monitor de la Educación Común, donde refleja que los días tumultuosos ya habían pasado para mostrar la serenidad de los años, y de lo visto y vivido durante tantos años de trayectoria: “…En la ideología de la educación como en la de muchas actividades del pensamiento humano, reina en este momento cierta inestabilidad; acaso precursora de cambios serios. Un movimiento bien digno de la atención de los educadores, se ha iniciado ya y la controversia que suscita, enardece y apasiona al grado de considerar que es necesario transformar los principios de origen, por una parte, o conservarlos sin modificación alguna, por otra. Así, a una réplica sucede otra réplica y estamos perdiendo una acción que pudo ser benéfica, en inútiles discusiones sobre el alcance de términos abstractos que varian según el cristal con que se miren. Es nuestra modalidad; parecería que nos guiase el espíritu de sofocar toda iniciativa, de acallar todo impulso con la severa crítica que ahoga, en germen, cualquier esfuerzo. Y desgraciadamente, por reacción, también se aferran ciegamente a las ideas propias quienes propician tales empeños de reforma; y viene la polémica ardorosa, la batalla de palabras, donde el triunfo esta, ya se sabe, del lado del paladín que mejor maneje esa flamígera espada, ese don de privilegiados: el de convencer con la palabra…” (El Monitor de la Educación Común, 713/1932).

A partir de 1917, comienza su relación con la educación privada. Se desconoce cuál es el motivo por el que se desvincula de la Dirección de la Escuela Normal Nro. 1, Roque Saénz Peña, pero se presume que se enfrentaba a una fuerte oposición, de parte de la burocracia del Ministerio de Educación, lo que la obliga a renunciar o a quedar cesanteada, hecho que aún no ha sido esclarecido.

Se vincula entonces con el Dr. Carlos María Biedma, para acompañarlo en un proyecto educativo: la apertura de una nueva escuela, con una novedosa metodología para la educación de las nuevas generaciones. Rosario es designada Directora de la misma (Escuela Argentina Modelo). Junto a Biedma, genera el museo pedagógico, que sigue la línea educativa de Pestalozzi, Froebel y Montessori. A su vez, durante estos años, se ocupa de la formación de profesores, a través de sus cátedras de pedagogía y de matemática, en la Escuela Normal del Divino Maestro, incorporada al profesorado de Lenguas Vivas. Durante la presidencia de Marcelo T. de Alvear, se vuelve a relacionar con la gestión estatal, siendo designada Inspectora de Enseñanza Secundaria Normal y Especial.

En la década del treinta, el Consejo Nacional de Educación le asigna la tarea de crear el Museo Argentino para la Escuela Primaria que se instala en el Instituto Félix Bernasconi. Allí tomó a la geografía como el área central del conocimiento, para actuar de eje transversal en la educación de los jóvenes: “…Fue necesario cruzar llanuras, deslizarse por la corriente de caudalosos ríos, penetrar en los vericuetos de los valles, trepar las cimas de montañas majestuosas, para sentir más profundamente, si as posible, la felicidad de ser argentino…” (Vera Peñaloza; 1931)

El Museo se convirtió en un auténtico centro de investigaciones, donde los docentes acudían con frecuencia y recibían capacitaciones, por parte de la misma Vera Peñaloza.

Toda su vida se dedicó a la enseñanza, interesada en una formación integral que tuviese en cuenta los aspectos artísticos, físicos, manuales y musicales de los niños, criterios que se mantienen en la actualidad gracias a su iniciativa y tenacidad. Sus últimos años los pasó en su provincia natal, La Rioja, y, producto de una enfermedad terminal, fallece a los 77 años.


Las obras de Rosario Vera Peñaloza


Estudio comparativo de los sistemas Montessori y Froebeliano: Conferencias con grabados y láminas dadas en la Escuela Normal de Profesoras No. 1 Presidente Roque Sáenz Peña de la Capital Federal. Buenos Aires: Sociedad Nacional de Kindergarten, 1915

El Museo Argentino para la escuela primaria. En: El Monitor de la Educación Común Buenos Aires : Consejo Nacional de Educación, 1931 Año 50, no. 705, p. 192-202, 1931

Los jardines de infantes y las escuelas nuevas. En: El Monitor de la Educación Común Buenos Aires : Consejo Nacional de Educación, 1932 Año 51, no. 713, p. 83-96, 1932


Rosario Vera Peñaloza en tiempo presente


Zamba “Rosarito Vera maestra”

Zamba compuesta por Ariel Ramírez y Félix Luna

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Homenaje a Rosario Vera Peñaloza

El INFoD presenta podcasts ilustrados

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Documental: Rosario Vera Peñaloza

Documental de Marcelo Herrera

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