Olga Cossettini
(1898-1987)


«En esa sociedad que es la escuela, el niño se mueve, actúa, es una célula viva; ser individual nutrido del elemento social que es la clase, la comunidad escolar. Al actuar adquiere conocimiento de si, de sus fuerzas internas y forma su personalidad que cada día se manifiesta con perfiles propios, originales, distinta de la de los demás; pero al mismo tiempo se acentúa en él, la necesidad de vincularse, de buscar contacto, de formar parte de la sociedad.»

Olga Cossettini nació en San Jorge, Santa Fe, el 18 de agosto de 1898, y falleció en Rosario, Santa Fe, el 23 de mayo de 1987. Sus padres, Antonio Cossettini y Alpina Bodello, se radicaron en el interior de la provincia de Santa Fe y desde allí se abocaron a la gestión educativa, con la creación de varias escuelas en diferentes localidades como Gálvez o San Carlos.

Ingresó a la Escuela Normal y se recibió de maestra en Coronda. En 1930, asumió la Regencia de la Escuela Normal “Domingo de Oro” de Rafaela. Allí estuvo hasta 1935, donde consolidó sus principios pedagógicos y se fue nutriendo de los postulados de la “Escuela Nueva”, también llamada “Escuela Activa”. Junto a su hermana Leticia emprende una novedosa experiencia educativa: la Escuela Serena: “…Nuestra escuela está ubicada en el límite de la ciudad y el campo. El ruido que nos envía la ciudad por su camino central, brazo de unión con el norte santafesino, ruido incesante de motores en marcha, nos llega amortiguado, como nos llega amortecido el paso de las dragas y lanchones que surcan el río vecino. (...) los niños que bajan de los ranchos, de las casitas obreras y de las viviendas mejores, pueblan la escuela de bullicio hasta el sol de la tarde. Su ritmo es de juego y trabajo.

En esa sociedad que es la escuela, el niño se mueve, actúa, es una célula viva; ser individual nutrido del elemento social que es la clase, la comunidad escolar. Al actuar adquiere conocimiento de sí, de sus fuerzas internas y forma su personalidad que cada día se manifiesta con perfiles propios, originales, distinta de la de los demás; pero al mismo tiempo se acentúa en él, la necesidad de vincularse, de buscar contacto, de formar parte de la sociedad…”

Olga establece este modelo educativo cuando obtiene el cargo de Directora en la Escuela Nº 69, Dr. Gabriel Carrasco​, de la ciudad de Rosario, en el barrio Alberdi. En este espacio pondrá en marcha un revolucionario proyecto educativo, donde el verdadero protagonista del aprendizaje es el alumno, que no será un sujeto pasivo, como en la escuela del pasado, sino que se transformará en un sujeto activo que experimenta, se cuestiona y produce. Con el apoyo burocrático y el respaldo del profesor Juan Mantovani, Ministro de Instrucción Pública y Fomento de la Provincia de Santa Fe, las hermanas Cossettini pudieron aplicar sus innovadoras ideas.

Mientras desarrollaba su proyecto pedagógico, Olga fue becada por la Fundación “Guggenheim” de Estados Unidos (1940-41), y en 1946 integró la representación argentina que participó del Congreso Americano de Maestros, realizado en México. Por otro lado, integró la Junta Ejecutiva de la Comisión homenaje de la Ley 1.420, desempeñándose como Secretaria, y en 1949 fue designada para dictar cursos de actualización en la “Escuela de Verano” de Chile, donde tomó contacto con la educadora y poeta chilena, Gabriela Mistral.

La propuesta pedagógica del barrio Alberdi, que contó con el aire libre y la naturaleza como telón de fondo para enseñar y aprender, tuvo como pilar el disfrute de experiencias éticas y estéticas, pero esto comenzó a recibir cuestionamientos de sectores de la burocracia educativa y es cesanteada en su cargo. De todas maneras, continúo con sus actividades, siendo nombrada Secretaria del Colegio de Estudios Superiores, con sede en Rosario. Ocupó otros cargos burocráticos como el de Inspectora de Escuelas en Santa Fe (1955-1957), fue asesora del Departamento de Extensión Universitaria de la Universidad Nacional del Litoral hasta 1964, y luego se desempeñó como Directora de escuelas de la Provincia de Buenos Aires, a partir de 1958. Fue nombrada Delegada Oficial del Congreso de Planificación de la Educación de la UNESCO en Washington, y luego esa misma organización la designaría como Experta en Formación de Maestros en Honduras, en 1969.

Toda su experiencia pedagógica, quedó registrada en varias de sus obras como La Escuela Serena; El niño y su expresión y la Escuela viva, entre otras.

Olga se alimentó y fue una ávida lectora de la tradición bibliográfica pedagógica, cultivando un estilo personalísimo, rechazando cualquier forma de discriminación, fomentando la igualdad, integrando en la comunidad educativa a niños de todas las clases sociales. Consideró el ejercicio de la educación como un factor medular para el fortalecimiento de la ciudadanía y los entramados sociales.


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