Herminia Brumana
(1901-1954)


«Leer no es matar el tiempo, sino fecundarlo»

Herminia Catalina Brumana nació el 12 de septiembre de 1901 en Pigúé y falleció el 9 de enero de 1954 en Buenos Aires. Herminia fue maestra y escritora. Estudió en la Escuela Normal de Olavarría “José Manuel Estrada” y su primer trabajo fue en un 5to. grado de la Escuela Nº 3 de Pigüé, su ciudad natal. En los primeros meses de trabajo fundó la revista Pigüé, una revista de carácter literario y social. A lo largo de su vida, pudo conciliar sus dos pasiones: la docencia y la escritura. Brumana escribió cuentos, novelas, obras de teatro y artículos en prestigiosos medios como Mundo Argentino, El Hogar, Caras y Caretas y La Nación. También formó parte de la Sociedad Argentina de Escritores.

En 1916 obtuvo el primer premio en un concurso literario -organizado por la Biblioteca Popular de Olavarría- por su trabajo Influencias de las bibliotecas populares en la cultura de los pueblos y el apoyo que estos deben a dichas instituciones.

Su primer trabajo como maestra en la escuela de Pigüé fue entre los años 1917 y 1921. En ese tiempo, escribió para los alumnos Palabritas, una obra “para el corazón de los niños”. El libro de texto reunía cuentos para trabajar en clase con el maestro, y ya refleja su orientación humana y justiciera que se vería plasmada en los trabajos venideros.

Los tiempos de la Reforma Universitaria (1918) se presentaron propicios para que Herminia colaborara en diferentes periódicos estudiantiles. El primer periódico en el que colaboró fue Bases. Tribuna de la juventud, dirigido al mundo estudiantil, publicación de solo ocho páginas, en formato tabloide y una irregular frecuencia quincenal, que se constituyó en el “contingente de pensamiento, de difusión y de voluntad” que proponía el joven socialista Juan Antonio Solari, quien años más tarde, en 1921, se convertiría en su esposo y en uno de los directores del prestigioso diario La Vanguardia. Este periódico se distinguió por contar, entre sus colaboradores, plumas femeninas como Gabriela Mistral y Salvadora Medina Onrubia, entre otras. Al año siguiente, fue impulsora de publicaciones político- estudiantiles, voceras de la Reforma Universitaria, como Insurrexit. Revista Estudiantil y Hoy.

En sus escritos, la mujer ocupa el lugar central: la vida familiar, el casamiento, los hijos, la juventud, las lecturas y la formación cultural. En Cabezas de mujeres, publicado en 1923, estableció diversas descripciones y clasificaciones sobre las mujeres que intentaron romper los mitos establecidos alrededor de ellas.

Continuando con su vocación docente, trabajó unos meses en la Escuela N.º 19 de Quilmes para finalmente enseñar en numerosas escuelas del partido de Avellaneda. En 1932, abandona la docencia, cansada de enfrentar la burocracia educativa del estado, pero retoma su carrera docente en la década del cuarenta, ejerciendo en sus últimos años, de 1941 a 1953, en la Escuela para Adultos N.º 6 de Capital Federal.

A partir de 1933, comienza a realizar una serie de viajes por Francia y España, y también por América Latina, en especial Chile. Justamente allí, la editorial Ercilla publica su texto Cartas a las mujeres argentinas, en 1936. En un nuevo viaje a Europa, en 1938, escribe el ensayo Nuestro hombre, el primer estudio realizado por una escritora argentina sobre el poema nacional Martín Fierro.

En sus recorridos por las escuelas, la escritura fue el instrumento para expresar las desigualdades sociales que atravesaban las paredes de la institución escolar en las décadas de 1920 y 1930. Sus relatos expresan una sensibilidad diferente para observar a los niños y niñas, y por ello sus intervenciones se alejaban de las prescripciones comunes.

Su escrito “Mi alumno predilecto”, del libro Mosaico, publicado en 1929, es una muestra de sus preocupaciones sociales: “Es sucio, es desgreñado. La mamá trabaja fuera del hogar y no le queda tiempo para el hijo este, que casi siempre está en la calle. Desatento en clase, no aprende nada. […] Entonces cuando voy a reprenderlo pienso con angustia: -¿habrá comido hoy? […] En casa no le miran los deberes, ni se preocupan que pase de grado. […] Hace unos días que este alumno me trae los deberes. Unos deberes desprolijos en unas hojitas ajadas, c on agujeros a fuerza de borrar con el dedo o con la punta del pañuelo. Y para mí, estos deberes son los mejores, los más hermosos que me presentan…”

Estos escritos continúan en el libro Tizas de colores, publicado en 1932, dedicado a la Escuela Nº 10 de Sarandí, Avellaneda. Son breves relatos de situaciones de aula que develan una infancia poco percibida pero latente en las escuelas. La escritura también operó como espacio de reflexión sobre la docencia como profesión. Le inquietaba la figura de la maestra sin vocación que solo trabaja por el salario y a quien Herminia llamó la “enseñadora a sueldo”: “…viven las maestras al margen de toda preocupación social, impermeables a toda inquietud […] Les ha bastado pasar por la escuela normal y salir con su diploma bajo el brazo, para sentirse dueñas y señoras de su misión. La maestra argentina vive aún en la creencia que a ella solo le incumbe enseñar a leer, a escribir y a hacer cuentas...”

En Tizas de colores, “Respuesta a una normalista” brinda consejos a una futura maestra: “No sé qué decirle; ¡Hay tantas cosas! Pero por ahora se me ocurre esto: -Ande por la calle y mire viendo […]-Coquetee y tenga novio […] -Cuide su físico y su manera de vestir […] -Cultive un arte (música, pintura), y si no puede, aprenda idiomas. –Lea, lea todo lo que pueda, lo que caiga en sus manos…”


Las obras de Herminia Brumana


Brumana, Herminia C. “Tizas de colores”. En: Obras completas. Buenos Aires : Amigos de Herminia Brumana, 1958


Herminia Brumana en tiempo presente


Homenaje a Herminia Brumana

El Instituto Nacional de Formación Docente presenta un podcast ilustrado sobre Brumana

Homenaje a Herminia Brumana


«Los deberes»

Pablo Pineau lee un extracto del libro «Tizas de colores» de la educadora Herminia Brumana

«Los deberes»



Herminia Brumana

Una mujer que canalizó su lucha en la publicación de periódicos que aún hoy circulan como una contraseña feminista

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