Alfonsina Storni
(1892-1938)


«No han llorado los hombres de mi raza. Eran de acero»

Alfonsina Storni, nació en Suiza el 29 de mayo de 1892 y fallece en Buenos Aires, el 25 de octubre de 1938. Criada en una familia de inmigrantes, nacida en Suiza, llega a nuestro país a los cuatro años de edad, en 1896, viviendo su infancia en San Juan, donde la familia había instalado un emprendimiento comercial. Ya en el siglo XX, se trasladan a Rosario, donde su padre vuelve a incursionar en el área comercial y su madre decide vincularse a la docencia, estableciendo una escuela domiciliaria. Alfonsina, ayudaba a su padre en el espacio gastronómico que había puesto cerca de la estación del ferrocarril, pero la empresa de su padre quiebra y ella junto a su madre se convierten en el sostén de familia, comenzando a realizar trabajos de costura. Paralelo a esto, Alfonsina, siempre se encontraba inquieta a las manifestaciones artísticas, es así como llega a reemplazar a una actriz en una compañía teatral que llega a Rosario y, a partir de allí, consigue trabajo fijo en la compañía y comienza recorrer el país con el teatro.

Al interrumpir su carrera de actriz, decide volver a Santa Fe, donde su madre, ya viuda, junto a su nuevo esposo, respalda a Alfonsina en las iniciativas que desea emprender. Es así como cursa sus estudios de docente en la Escuela Normal Mixta de Maestros Rurales de Coronda (Santa Fe) y allí mismo su padrastro logra que obtenga el cargo de celadora para poder continuar con sus estudios y contar con una manutención. En este tiempo, los profesores que tiene Storni la motivan para que comience a escribir, ya que observaban una peculiaridad en su escritura. Tiene como maestra a Carlota Garrido de la Peña, quien la incentiva a escribir y publicar, invitándola a trabajar en el boletín del colegio; a través de estas páginas se conocen sus primeros escritos literarios, y también pedagógicos, ya que los días sábados la institución organizaba una serie de conferencias de perfeccionamiento, y muchas de ellas estuvieron a cargo de la poetisa. Se conoce que durante esos días experimentó un método de enseñanza de la aritmética, donde se veía reflejada una pedagogía aplicada a transmitir conocimientos, uniendo la práctica a los saberes. Poco se puede encontrar escrito de estas prácticas, pero su accionar superó a los registros pedagógicos.

Los tiempos del Centenario convergen en la vida de Alfonsina y en la ficción de La maestra normal de Manuel Gálvez. A nivel personal, en esos tiempos Alfonsina conoce a un hombre, del cual se enamora perdidamente, pero sufre al saber que estaba casado y que no pensaba cambiar de vida. Queda embarazada y desilusionada de este amor, y toma la decisión viajar a Buenos Aires para establecerse allí y encaminar su vida. El hecho de ser madre soltera la marcaría para siempre.

Solidarizándose con otras mujeres en su misma condición, participará en forma activa en la protección de las mujeres solteras madres, por eso apoyará el proyecto del senador socialista y periodista Enrique del Valle Iberlucea, quien fomentó leyes protectoras de las madres solteras.

Cuando llegó a Buenos Aires, continuó ejerciendo la docencia en diferentes instituciones, como en el Teatro Infantil Lavardén, o la Escuela Normal de Lenguas Vivas. Años después, en 1917, se la nombró maestra directora del internado de Marcos Paz. Quizás los años de docencia quedan en un segundo plano, cuando comienza a frecuentar círculos literarios (como la Peña del Café Tortoni, organizada por el pintor Benito Quinquela Martín) y redacciones periodísticas. Publica artículos en revistas como Caras y Caretas, Nosotros o el periódico La Nación, entre otros.

Sostiene por esos años amistades con escritores de la época, en especial con Horacio Quiroga y Enrique Amorín. Comienza a obtener reconocimientos y premios en el mundo de las letras: por su libro Languidez (1920) recibió el Primer Premio Municipal de Poesía y el Segundo Premio Nacional de Literatura, lo que la posicionba en un lugar de preponderancia entre sus pares hombres, hecho por demás infrecuente para una mujer, en una sociedad marcadamente machista.

Finalmente, la poesía se impone sobre la docencia, pero continuará vinculada a la educación, en especial por la publicación periódica La Obra, una de las más emblemáticas a partir de los años veinte en nuestro país, donde periódicamente aparecen producciones suyas que fueron llevadas a la escuela.

A mediados de la década del treinta, Alfonsina fue operada de un cáncer de mama y su enfermedad fue desmejorando lentamente, pero ello no le impidió continuar con sus actividades literarias.

El año 1938 se inicia para Alfonsina con la alegría de un gran encuentro en Colonia, Uruguay; Alfonsina se reúne en un acto con Juana de Ibarbourou y Gabriela Mistral. Se reunían así las tres grandes poetisas americanas del momento. En el mes de octubre de ese mismo año viajó a Mar del Plata, donde finalmente muere.


Las obras de Alfonsina Storni


Teatro infantil. En: El Monitor de la Educación Común Buenos Aires : Consejo Nacional de Educación, 1959 Año 69, no. 925, p. 91-104, 1959


La silla. En: El Monitor de la Educación Común Buenos Aires : Consejo Nacional de Educación, 1966 no. 940, p. 42-43, 1966



Alfonsina Storni en tiempo presente


Alfonsina Storni

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Claves de lectura: Storni, poeta

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