En el año 1938, luego de la muerte de Leopoldo Lugones, Nicolás Coronado, fue nombrado director -el interinato fue cubierto por Alfonso de Laferrére- recordado por su estricta fiscalización del personal en sorpresivas visitas a la sala de lectura para supervisar la atención a los usuarios.
En estos años se adquirió la biblioteca particular de Lugones que constituye uno de los tesoros más preciados de la institución. Además, se recibieron importantes donaciones como las de los profesores Pablo A. Pizzurno y Mariano de Vedia.
En 1948, aproximadamente, Nicolás Coronado decide alejarse del cargo por decisión propia y la dirección pasó a manos de Nicolás A. Rivero, quien permaneció por más de treinta años en su cargo, tratando siempre de modernizarla, adaptándola a los nuevos tiempos y al progreso de las comunicaciones. |